martes, 11 de diciembre de 2012

Una mujer llamada Andalucía


Una mujer llamada Andalucía

 

La Transición y la autonomía andaluza sentaron las bases para la igualdad y la recuperación de los derechos de las mujeres que hoy, desafortunadamente, los recortes económicos e ideológicos impulsados por ministros como Alberto Ruiz Gallardón parecen de nuevo poner en peligro

 OLIVIA CARBALLAR  03/12/2012

 

"Andalucía, si fuera persona, desde luego sería mujer". Con esta frase resume Mercedes de Pablos, concejala en el Ayuntamiento de Sevilla, la similitud y la simultaneidad entre la lucha por la igualdad y la lucha por la autonomía de una comunidad maltratada, humillada y relegada tras 40 años de dictadura. A Mercedes de Pablos, que peleaba entonces por ser tan buena periodista o mejor que sus compañeros hombres, la llamaban la niña. A Andalucía, la trataban como si fuera más pequeña y menos talentosa que las denominadas comunidades históricas. "Y claro, cuando tú dices la niña y ves aparecer a Mercedes de Pablos, que cuando abre la boca, que cuando escribe... demuestra que es una potencia del periodismo, pues dices, llámela doña Mercedes, por favor", reflexiona María Esperanza Sánchez, veterana periodista que aquel 4 de diciembre ya trabajaba en la SER. Ese día, el pueblo salió a la calle para que a Andalucía la llamaran doña Andalucía y todos los que allí se manifestaron comenzaron a entender que aquello no era una cosa de hombres, como todo lo anterior; aquello era, tenía que ser ahora, una pelea compartida. 

"La lucha por la autonomía suponía un salto impresionante en la lucha por la igualdad, que estaba saliendo de la clandestinidad. Los hombres y las mujeres que se echaron a la calle sabían que el futuro tendrían que construirlo entre todos", añade Sánchez, que tiene grabada todavía hoy una escena en su corazón: una mujer bajaba por una calle del centro de Sevilla, vestida de negro como lo hacían aún las mujeres mayores de los pueblos. Llevaba una toquilla sobre los hombros, también negra y, al brazo, una cesta con algo que tapaba con un pañito. Ya se había conocido cuál sería la "pregunta indecente" que el Gobierno de UCD haría a los andaluces en el referéndum, pensando que regía la consideración de pueblo atrasado que no sabría qué decir ante aquel interrogante rebuscado y jeroglífico, afirma la periodista. "¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo 151 de la Constitución a efectos de su tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?". 
 

Y, sin embargo, prosigue María Esperanza Sánchez, aquella mujer a la que ese Gobierno consideraba tonta ya avisaba de lo que iba a hacer. Lucía sobre la toquilla una pegatina de la bandera de Andalucía con una leyenda en el centro, un reto, una respuesta, una advertencia: "Yo voto sí". Fueron también las mujeres las que llenaron los balcones, los tendederos, todo artilugio del que se pudieran colgar, para que ondearan al aire, las banderas andaluzas, recuerda con emoción Sánchez. "Fue el primer pueblo del Estado que hizo real el derecho constitucional a decidir y acceder a la autonomía por la vía del artículo 151", concluye.

El altavoz de las mujeres periodistas

Fueron también destacadas mujeres las que transmitieron lo que en Andalucía estaba sucediendo en esos momentos de efervescencia democrática. "Es muy importante destacar el gran papel que desarrollaron las periodistas, informando, explicando lo que significó ese día 4, festivo, sólo empañado cuando nos enteramos más tarde de la muerte de Caparrós.

Ellas, las mujeres periodistas, fueron el altavoz de la autonomía, la vivieron, la sintieron y la contaron", resume la primera consejera de la Junta, Amparo Rubiales, hoy presidenta del PSOE andaluz. La combativa Pilar del Río radió en directo la manifestación: "Éramos pocas pero las suficientes para tener brillo propio". "Vivir todo aquello como periodista fue un privilegio, una suerte y algo que todavía me emociona cuando lo recuerdo como lo más gratificante de todo lo que, profesionalmente y como ciudadana, me ha tocado vivir", explica María Esperanza Sánchez.
Margarita Jiménez echaba humo en la redacción de ABC. "Mis vivencias como periodista, y también como mujer, fueron muy profundas. Llevaba en esos momentos un año de mi vuelta laboral-profesional de Madrid, y ABC de Sevilla se volcó con los preparativos de aquella jornada, desde los más pequeños detalles. Por ejemplo, recuerdo la aportación de la familia de Blas Infante con su bandera, que figuraría, llevada por niños, en la cabecera de la manifestación, o al cabildo Catedral que autorizó el repique especial de las campanas de la Giralda", cuenta Jiménez. "No soy nacionalista, sin embargo, creo que el 4 de diciembre de 1977 se desbordó la propia concepción nacionalista. Por primera vez los andaluces se pronunciaban alto, fuerte y claro, con unidad y solidaridad. No queríamos más pero sí lo mismo que otras comunidades. A mí me pareció, y así lo pensé al subir por las escaleras del Ayuntamiento de Sevilla para la locución de los líderes desde el balcón, que sólo por ver aquello merecía la pena regresar a mi ciudad, y así se lo dije a varios colegas, que hoy, por desgracia, ya no están aquí", añade. 

Camino pedregoso

Aquella fecha arrancaba inexorablemente el camino para seguir trabajando por la igualdad con más fuerza que nunca. La lucha no fue fácil. "Desde el punto de vista de la representación, del liderazgo, de la pancarta y de la presencia institucional, como siempre ocurría entonces y como todavía sigue ocurriendo ahora, la presencia de las mujeres era infinitamente menor", sostiene Amparo Rubiales. Unos meses después del 4 de diciembre, una jovencísima Marta Carrasco que disfruta recordando el día del referéndum en el Casino de la Exposición, comenzaba a trabajar en El Correo de Andalucía

Había tanto que hacer por la igualdad como por el desarrollo de Andalucía.
Entre las muchas "situaciones" que tuvo que aguantar, destaca esta: "Fui a cubrir una parada militar un día de las Fuerzas Armadas en la Plaza de España, en Sevilla. Pero cuando llegué con todas mis acreditaciones y credenciales, el militar que estaba en la entrada me dijo: ‘No, no, las señoras tienen que ir por aquella puerta'. ¡Y estaban pasando mis compañeros varones periodistas por mi lado! Y le dije, no, no mire usted, y le enseñé mi acreditación, yo soy periodista. ‘No, no, las señoras por aquella puerta', insistió. Me tiré media hora hasta que pasó el entonces jefe superior de Policía, me conoció y me dijo: ‘Marta, ¿qué haces aquí?'. Pues que no me dejan pasar porque soy mujer y no comprenden que mujer y periodista van juntos". 

Había tanto que hacer por la igualdad entre hombres y mujeres como por el desarrollo y la modernización de Andalucía. "Fue de las cosas más trabajosas de mi vida, el poder ir en esas listas. Y, además, no estaba previsto que saliera. Y fijaros bien, que era secretaria general del Partido Socialista en Sevilla", relata Ana María Ruiz-Tagle en el documental Las Constituyentes sobre las primeras elecciones democráticas de 1977. Ruiz-Tagle y Soledad Becerril, de la UCD, fueron dos de las cinco primeras mujeres diputadas andaluzas en esas nuevas Cortes españolas. "Mis compañeros, cuando intervenía, me decían ‘oye Ana, muy bien'. Ah, muchas gracias, pero no me vayas a poner nota, ¿eh? No me vayas a poner nota que yo a ti no te la he puesto", recuerda Ruiz-Tagle.  
"Las mujeres siguen estando llamadas a no bajar la guardia"

La Constitución del 78, con sus virtudes y defectos, desencadenó todo lo demás. Becerril, fundadora de la Ilustración Regional -avanzadilla de la lucha por la identidad andaluza- llegó a convertirse en la primera ministra de la democracia en 1981. Ese mismo año, el Gobierno de UCD aprobó la Ley del Divorcio, no sin la oposición de la derecha. Y también en 1981 se modificó el Código Civil en materia de filiación, patria potestad y régimen económico del matrimonio, "lo cual significó al fin el reconocimiento de la igualdad de la mujer casada", escribe Rubiales en Una mujer de mujeres. 

La Transición y la autonomía andaluza sentaron, por tanto, las bases para la igualdad y la recuperación de los derechos de las mujeres que hoy, desafortunadamente, los recortes económicos e ideológicos impulsados por ministros como Alberto Ruiz Gallardón parecen de nuevo poner en peligro. "De aquello hace 35 años y no se ha logrado lo que muchas aspiramos", lamenta Jiménez. "Lo que inquieta es la duda de si las jóvenes saben que no solo no está todo hecho, sino que lo conseguido se puede perder si no se está alerta, si no se sigue peleando. Las mujeres siguen estando llamadas a no bajar la guardia", avisa María Esperanza Sánchez.

 



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