martes, 29 de abril de 2014

Miguel de Cervantes y El Quijote en Andalucía








  Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes

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El Quijote es andaluz

No digo que don Quijote fuera andaluz sino que El Quijote es andaluz aunque desde la primera línea nos lleve a un lugar de La Mancha. 


Me refiero a que se engendró aquí durante los 15 años en los que el desventurado Cervantes vagó por esta tierra en destino desatinado de pleitos, encarcelamientos y excomunión. El origen de una obra es difícil de concretar, ¿cuándo nace?¿en su publicación, con el manuscrito finalizado o al arranque de su escritura? Las primeras líneas del Quijote surgieron en una cárcel andaluza como cuenta el propio autor en el prólogo.


“Y así qué podría engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios nunca imaginados de otro alguno, bien como quién se engendró en una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo pequeño ruido hace su habitación”.


Es curioso que germinara en una cárcel un tratado sobre la libertad, en mi opinión fundamento de la obra entre otros temas trascendentes. La libertad de ser hidalgo de Quijote es una elección vital en una época en que la suerte viene marcada de cuna. Alonso es el paradigma de empoderamiento de la identidad del sujeto que vive eligiendo y de cuya vivencia sólo puede dar cuenta él mismo. Gracias a su quijotesca libertad se salva a sí mismo y a su compañero de un exceso de realidad que enferma al alma. La locura es solo una excusa, para Cervantes un aspecto más del hombre que puede volverse loco y también recobrar el juicio. Por eso Quijote roza muchas veces la cordura y a su vez el sensato Sancho se contagia de lo contrario. Nada humano es inmutable.


“La libertad Sancho es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre. Por la libertad y por la honra se puede y debe aventurar la vida”.


Idealismo en estado puro, osadía del amor sin duda, acción sin miedo, ese es el caballero. Tan andaluz es El Quijote que el pasaje más íntimo transcurre en Sierra Morena cuando el caballero está solo en sus meditaciones. Allí hay un infierno de desenamorados que sufren penas de amor y el Quijote les cura porque cuando se adentra en Sierra Morena todo desequilibrio se recompone y cada amante encuentra a su amada y cada amada a su amante.


Recuerdo la celebrada serie de televisión que enseñó a mi generación de niños sus aventuras, el documental que realicé junto a la periodista Mabel Mata sobre autor y personaje en el que aprendí mucho de lo que aquí os cuento, y un viaje por toda Europa hasta Finlandia en el que fue mi compañero fiel y no en e-book sino con toda su dimensión tridimensional ocupando la maleta. A la cabeza llamo quijotera y a las acciones inusuales quijotadas. Reivindico esa herencia andaluza de El Quijote, universal, que me hace repensarlo cuando paseo por las mismas calles imaginando al infortunado Cervantes en la Sevilla babilónica. Miguel reclamaba un puesto destacado en las Indias por sus proezas patrióticas que le dejaron manco en Lepanto y cautivo en Argel, pero solo consiguió oficio de recaudador y fracasos literarios. Cervantes se soñaba Quijote en combate con su yo Sancho, la voz que le agarraba a tierra. Uno alargado y flaco, el otro rechoncho y bajo; el caballero y el escudero, cabalgadores de corcel ilusorio y burro; el que sueña el amor y el que lo toca; uno libre, otro siervo; todos lindes que se desdibujan, a mis ojos ambos Cervantes, el del deseo de ser contra el peligro del error vital que ya le ha enseñado la vida.

Fuente: eldiariofenix.com






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