domingo, 31 de agosto de 2014

Frases y textos sobre Andalucía (II)



"El Diablo Cojuelo" de Luis Vélez de Guevara


Vámonos a Andalucía, que es la más ancha del mundo; y pues yo te hago la costa, no tienes que temer nada; que con el romance que dice: «Tendré el invierno en Sevilla y el veranito en Granada», no hemos de dejar lugar en ella que no trajinemos.


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José María Pemán. (El paisaje de España)


"Entramos en Andalucía. Si España es síntesis y muestrario de Europa, Andalucía lo es de España. Condecorarla con un adjetivo solo y único es hacer tópico y acuñar calderilla literaria. Andalucía, que no ha cabido aún en ningún libro, ¿cómo va a caber en un adjetivo? En la pequeña  >costa azul< de Marbella y Málaga, se puede formar, saliendo de la playa hacia la sierra, en pocos kilometros, un parque botánico universal que va desde la flora tropical hasta la alpina. En ningún sitio, salvo en América,  creo que, como en Granada, hay nieves perpetuas tan cerca de un puerto de mar. De Motril al Mulhacén se puede ir en dos horas."


 
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ABC del domingo 2/12/1990


 "Es la más elegante del mundo -dice un exultante Pedro del Hierro-; es elegante por su forma de ser, por su generosidad, por ser espléndida y estar dotada de esa cultura innata que sólo da Andalucía. Ella habla siempre en andaluz, pero muy sabiamente y es a la vez tranquila y apasionada. Porque la elegancia es una forma de ser, una apariencia física. Si tú no eres elegante no vas a parecer elegante. El dinero ayuda a parecer no a ser elegante, pero lo que sí es dificil es con muy poca ropa y con poco dinero parecer elegante."
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 Cuentos de la Alhambra de Washington Irving


"En cuanto a los andaluces, son tan ociosos como alegres, y debido a esto último, nunca sufren las tristes consecuencias de la haraganería"

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Capitulo 50 de "Los cipreses creen en Dios" 
de José María Gironella

Y cuando, enterada Marta de que Octavio había nacido en Sevilla e Ignacio en Málaga, levantó el brazo y acercando sucesivamente su taza de chocolate a los labios de los dos muchachos les dijo: "Bridemos por Sevilla y Málaga", Pilar quedó pasmada ante aquella osadía, pero reconoció que  la chica lo hizo con perfecta naturalidad.  En cambio, Octavio protestó contra que se brindara por Andalucía con chocolate "la próxima fiesta la dará yo y se harán las cosas como es debido"

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FORTUNATA Y JACINTA
 V Parte Primera (Capitulo V) de Benito Pérez Galdós

Pasaron los esposos una mala noche por aquella estepa, matando el frío muy juntitos bajo los pliegues de una sola manta, y por fin llegaron a Córdoba, donde descansaron y vieron la Mezquita, no bastándoles un día para ambas cosas. Ardían en deseos de verse en la sin par Sevilla... Otra vez al tren. Serían las nueve de la noche cuando se encontraron dentro de la romántica y alegre ciudad, en medio de aquel idioma ceceoso y de los donaires y chuscadas de la gente andaluza. Pasaron allí creo que ocho o diez días, encantados, sin aburrirse ni un solo momento, viendo los portentos de la arquitectura y de la Naturaleza, participando del buen humor que allí se respira con el aire y se recoge de las miradas de los transeúntes. Una de las cosas que más cautivaban a Jacinta era aquella costumbre de los patios amueblados y ajardinados, en los cuales se ve que las ramas de una azalea bajan hasta acariciar las teclas del piano, como si quisieran tocar. También le gustaba a Jacinta ver que todas las mujeres, aun las viejas que piden limosna, llevan su flor en la cabeza. La que no tiene flor se pone entre los pelos cualquier hoja verde y va por aquellas calles vendiendo vidas.

Una tarde fueron a comer a un bodegón de Triana, porque decía Juanito que era preciso conocer todo de cerca y codearse con aquel originalísimo pueblo, artista nato, poeta que parece pintar lo que habla, y que recibió del Cielo el don de una filosofía muy socorrida, que consiste en tomar todas las cosas por el lado humorístico, y así la vida, una vez convertida en broma, se hace más llevadera. Bebió el Delfín muchas cañas, porque opinaba con gran sentido práctico que para asimilarse a Andalucía y sentirla bien en sí, es preciso introducir en el cuerpo toda la manzanilla que este pueda contener. Jacinta no hacía más que probarla y la encontraba áspera y acídula, sin conseguir apreciar el olorcillo a pero de Ronda que dicen que tiene aquella bebida.




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