sábado, 7 de marzo de 2015

El espiritu andaluz de los modistos Victorio y Lucchino







Las formas nacen de la abundancia del espíritu que las anima. El alma de Andalucía es, como la esencia de la vida, múltiple.

La moda es manera, manierismo, sabios que brotan de la amalgama interior de lo que cambia y lo que permanece.

El volante, de Creta, como los toros y el toreo. Y la peineta, de ese balcón de Asia sobre el Mediterráneo; ahí,  al fondo de esa charca rodeada de croantes batracios que es el Mediterráneo.

Los dionisiacos y arcaicos tiempos primitivos, trajeron a Andalucía a los pueblos del mar, a la fenicia de la seductora Circe  y el apolíneo temblor de griegos y romanos. Y así un lento y abundante desgranar de nombres y maneras. Por eso Andalucía subyuga y conquista; y su moda es personal, atractiva, risueña, exterior.

La mujer se viste para asomarse al balcón, para salir a la calle. No está concebida para el recinto cerrado sino para el espacio abierto bajo el cielo zafiro. Por eso brota íntima, sosegada, profunda. Por eso es hija de la tarde llena de luz y azahar. Improvisada y sabia. Equilibrio mágico de lo opuesto. El ser y el deber ser. Dionisio que embriaga y Apolo que sosiega, que contiene.

El hombre ha dejado de ser Sur mágico una huella antigua y sabia; somos el pasado que permanece, y el presente que fluye lo revestimos de la hermosura que el desgranar de tantos momentos felices ha hecho posible.

La  moda en Andalucía no es un problema a resolver, es simplemente una manera concreta de seguir entre lo múltiple. La luz y la claridad, la sombra y el color. ¿Cómo no amar las formas si se ha nacido en Andalucía, donde todo se exterioriza como un zumo oloroso, rico en matices para los sentidos vibrantes? En Andalucía hacen moda entre las macetas de geranios, albahaca y mirto. Todo se mezcla, gira, se concreta en una forma de revestirse de la manera de las calles, de las plazas, del río, preñado de estrellas, y de los dioses que salen a pasear en primavera, para exaltar, como siempre el milagro del renacer de la vida.

En Andalucía no hay escuelas para hacer arte. Es la propia intimidad de los patios, cóncavos espacios donde la luz se acuna. La que provoca el arte de Velázquez,  y de Montañés, y de Falla.

Los que vestían a la “Estarte” fenicia, y la revestían de pesadas joyas entre el humo oloroso y fragante de los inciensos y de la mirra y el ámbar, perpetuaban un quehacer que en Andalucía permanece fresco y enraizado en el alma del pueblo que, aún ahora, reviste a sus santos para salir a pasear con el alegre y sabio hacer que  de ellos mismos han heredado.

Nosotros nos dejamos llevar por lo que de nosotros brota; queremos ser cauces, encrucijadas, manantial, para hacer posible una manera de hacer moda. La liturgia del vestir que precede al tiempo del desvestir es, en nosotros, una obediencia natural a una íntima exigencia interior. Hacemos moda como la única manera posible de ser José Víctor y José Luis. Aparecer con nombres de una lengua cercana pero no nuestra, no es extraño en una tierra como Andalucía, donde han sido orgullosamente considerados, nombre como Gargoris o Habidis, Abderraman o Averroes.


 




Victorio & Lucchino



Colorista, femenina y de aire andaluz, así es la ropa de Victorio & Lucchino, José Víctor Rodríguez y José Luis Medina, una pareja de diseñadores andaluces que han encontrado en el espíritu del sur su principal fuente de inspiración.




Cada uno por su lado sentían la inquietud y necesidad de expresarse en el mundo de la moda, y un día ambas vocaciones se encontraron, unieron y convirtieron en una sola fuerza creativa capaz de triunfar en el complicado mundo de la pasarela.

Y así fue como José Víctor y José Luis se asociaron, alquilaron un pequeño apartamento donde instalaron su taller de costura y abrieron una tienda de ropa en la calle Sierpes de Sevilla. Este fue su mejor escaparate para darse a conocer al mundo.

Lo novedoso de sus prendas atrajo a un público deseoso de admirar esos trajes de volantes, flecos, plumas, encajes y brillos, reflejo del folclore andaluz y las raíces españolas.

De la clientela sevillana pasaron a la andaluza, de ésta a la española, y finalmente sus diseños lograron deslumbrar a un exigente público internacional.

Tras la ropa vinieron los perfumes: "Carmen", "Abril", "Aire" y "Sur", cuatro fragancias con olor a naranjo, a jazmín, a primavera y amaneceres de abril en Sevilla. Fragancias destinadas a la mujer de Victorio & Lucchino, aquella que según palabras de ambos- "está enamorada de la vida, cargada de sentimientos y goza de ese puntito indispensable de alegría y gracia".

Fuente: hola.com 

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