martes, 28 de febrero de 2017

Día de Andalucía - Medallas e Hijos Predilectos de Andalucía 2017

Posted by CGINYZ





 http://www.canalsur.es/noticias/discurso-del-presidente-del-parlamento-de-andalucia/1145608.html

 

Buenos días.

"La bandera andaluza, símbolo de esperanza y de paz que hemos izado esta tarde, no nos traerá ni la paz ni la esperanza ni la libertad que anhelamos, si cada uno de nosotros, no la lleva ya plenamente izada en su corazón".

 

He querido empezar este pleno institucional con las palabras que pronunció Blas Infante, Padre de la Patria andaluza, la tarde del 12 de julio de 1936, la última vez que izó oficialmente la bandera de Andalucía en el balcón del Ayuntamiento de Cádiz.

 

Un pleno, el que celebramos hoy, para conmemorar la fecha histórica del 28 de febrero de 1980, momento en el que las mujeres y hombres de nuestra tierra decidieron libremente su futuro y su destino. Y su elección fue clara: como si de una sola voz se tratara, el pueblo andaluz unido decidió tener una autonomía plena, en igualdad de condiciones que el resto de comunidades históricas de España. Aquel día llevaban plenamente izada la bandera blanca y verde en su corazón.

 

Todos, quienes fueron protagonistas en nuestro pasado más reciente, y los que nos hemos unido más tarde, tenemos la responsabilidad de defender una Andalucía libre y solidaria. La autonomía alcanzada fue el motor que necesitaba Andalucía para salir del atraso histórico, y hoy podemos afirmar que ha supuesto el mayor desarrollo social, económico y de modernización de nuestra Comunidad.

 

Además de reconocer en el día de hoy cómo ha evolucionado Andalucía, debemos mirar hacia adelante, conscientes de que todavía tenemos problemas que resolver y cosas que mejorar, pero conservando lo que, con esfuerzo, logró el pueblo andaluz. Por ello, este 28F tiene que servir para reafirmar nuestro afán por mantener la capacidad de progreso que Andalucía ha demostrado en más de tres décadas y para reforzar el ejercicio de superación que debemos realizar cuando hay más dificultades.

 

Señorías: los andaluces no admiten hoy tacticismos políticos, nos exigen compromiso y hechos para quienes más lo necesitan y la obligación de no dejar a nadie en el camino. No se trata de hacer tabla rasa, sino de seguir construyendo y reconocer que, juntos, debemos luchar contra el desempleo y la crisis, pensando sobre todo en los sectores más vulnerables, en nuestros mayores, en la infancia y en las personas en riesgo de exclusión social. Juntos, debemos trabajar para mejorar los servicios públicos y perfeccionar los derechos de los ciudadanos.

 

Es la razón de ser del Parlamento, situar las preocupaciones de los ciudadanos en el centro de la actividad y el debate del día a día. Señorías, en 23 meses de legislatura la Mesa de la Cámara, con la inestimable labor de los empleados públicos de esta Casa, ha tramitado más de 19 mil asuntos e iniciativas parlamentarias de los 5 Grupos, de las que se han admitido a trámite más del 99,4%, y el 84% de ellas, lo han sido por asentimiento.

 

Pongo en valor estos datos, desde el convencimiento de que en los próximos meses y en lo queda de Legislatura seguirá aumentando la intensidad legislativa en la Cámara porque nuestro objetivo para mejorar las condiciones de vida de los andaluces es blindar derechos, como reflejan los 20 textos legislativos que ya hemos aprobado: 10 Proyectos de Ley, 6 Decretos Leyes y 4 Proposiciones de Ley, dos de ellas presentadas por los 5 Grupos Parlamentarios.



Desde la constitución de este Parlamento, se han aprobado un total de 380 textos legislativos haciendo realidad el deseo de los andaluces de decidir en sus propias instituciones el desarrollo de nuestra Autonomía y cómo afrontar los retos que en cada momento ha tenido nuestra tierra.

 

Señorías, como saben, este año se cumple el 35 aniversario de la existencia de nuestro Parlamento, y, aunque tendremos tiempo de concretar su celebración, como Presidente de esta Cámara, quiero hacer un reconocimiento a todos los Presidentes y Presidentas que me han precedido, así como a los 642 diputados y diputadas que han ejercido su labor de representación del pueblo: gracias por su dedicación para el prestigio de esta institución y por su contribución al progreso de Andalucía.

 

Una de las herramientas imprescindibles para este progreso es nuestro Estatuto de Autonomía, cuya reforma fue aprobada en Referéndum hace justamente diez años. Es nuestra hoja de ruta para seguir impulsando una Comunidad Autónoma más social. Desde el inicio de nuestra andadura democrática, el autogobierno andaluz basó su legitimidad en la defensa de la igualdad y en apostar por una redistribución de la riqueza. Es el instrumento adecuado para continuar avanzando y para encontrar respuestas a las nuevas demandas ciudadanas del siglo XXI.

 

El Estatuto está más vivo que nunca, pero es responsabilidad de los partidos políticos con representación parlamentaria en Andalucía trabajar por desarrollar al máximo nuestra norma, que garantiza los servicios públicos y el avance de nuestra región. Antes de su refrendo por la ciudadanía, el Estatuto se aprobó en el Congreso de los Diputados, sin ningún voto en contra, lo que demuestra que, anteponiendo los intereses generales y con diálogo, se puede llegar a acuerdos. El consenso hace más grande la Democracia, y las leyes que salen por consenso, perduran; mientras que las que se imponen, entorpecen el futuro y llevan marcada la fecha de caducidad.

 

Por eso, es necesario mucho diálogo y Política con mayúsculas para dar solución a lo que de verdad preocupa a los ciudadanos como tener empleos y salarios dignos, seguir apoyando a nuestros empresarios y autónomos; a nuestros jóvenes; asegurar el derecho a la vivienda y suministros vitales; la atención a la dependencia; seguir mejorando la educación, y continuar perfeccionando nuestro sistema sanitario.

 

Como ya sucedió hace 35 años, la Historia nos vuelve a situar ante la responsabilidad de exigirnos el mayor de los esfuerzos, todas nuestras energías, para estar a la altura que la ciudadanía exige de todos y cada uno de nosotros, diputados y diputadas, para recuperar la ilusión y la esperanza de que una vida mejor es posible.

 

Precisamente, tal día como hoy de 1982, Rafael Escuredo, María de los Ángeles Infante y Juan Antonio Lacomba presentaban en Sevilla una nueva edición del libro "El Ideal Andaluz" con motivo del Día de Andalucía. En dicho acto, el Presidente de la Junta dijo:
"Fue el 28 de febrero cuando Andalucía gritó inequívocamente su voluntad de ser y transmitió al resto de España el mensaje de la igualdad, el no rotundo a los privilegios discriminatorios, y estaba haciendo camino en la construcción del Estado de las autonomías".

 

Es lo que nos define a los andaluces. Andalucía siempre ha apostado por tender puentes, no por levantar muros y siempre apostará por la igualdad y la solidaridad entre regiones sin permitir privilegios de unas comunidades sobre otras.

 

Y estoy seguro de que Andalucía será protagonista de nuevo en los retos que tiene por delante nuestro país, como son la definición del marco de convivencia territorial o el sistema de financiación que marcará el modelo de sociedad que queremos, para que las Autonomías presten los servicios públicos con calidad.

 

Algunos desean una marcha atrás y desandar el camino autonómico, sobre todo aquellos partidos soberanistas empeñados en rehacer la estructura del Estado pero sólo pensando en sus intereses y no en el conjunto de España. ¿Hay que perfeccionar nuestro modelo autonómico? Mi respuesta es SÍ, se puede cambiar porque no está esculpido en piedra pero lo que no se puede es romper, porque el valor del consenso que concitó el pacto constitucional de 1978, ha contribuido de manera decisiva a consolidar el sistema democrático y ha sido un instrumento fundamental en el avance económico y en la cohesión social.

 

Las comunidades autónomas han sido protagonistas de la consolidación de derechos y servicios públicos esenciales para los ciudadanos y de la superación de las desigualdades del pasado. Nuestro Estatuto de Autonomía recoge en el Preámbulo:

 

"Hoy, como ayer, partimos de un principio básico, el que planteó Andalucía hace 25 años y que mantiene plenamente su vigencia: Igualdad no significa uniformidad. En España existen singularidades y hechos diferenciales. Andalucía los respeta y reconoce sin duda alguna. Pero, con la misma rotundidad, no puede consentir que esas diferencias sirvan como excusas para alcanzar determinados privilegios. Andalucía respeta y respetará la diversidad pero no permitirá la desigualdad ya que la propia Constitución Española se encarga de señalar en su artículo 139.1 que todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado".

 

Para avanzar en estos momentos, son necesarias, más que nunca, lealtad institucional, y una mayor colaboración y cooperación entre todas las administraciones públicas, locales, autonómicas, nacionales y también europeas.

 

Señorías: cuando hablamos de igualdad no sólo nos referimos a los territorios, sino sobre todo a las personas porque es nuestra principal tarea como servidores públicos. Y no hay mayor desigualdad que la violencia machista. Este Parlamento ha mostrado una unidad sin fisuras (plasmada mediante diferentes declaraciones institucionales) en la lucha contra esta lacra social.

 

Es imprescindible que las diferentes administraciones pongan todos los recursos a su alcance para eliminar el terrorismo machista y que seamos capaces de firmar un Pacto de Estado, como viene pidiendo Andalucía y dar pasos hacia delante para consolidar derechos en igualdad, erradicar la brecha salarial o favorecer la conciliación.

 

En este 28F es obligado hacer referencia al papel de la mujer en nuestra sociedad ya que, el empuje de las mujeres andaluzas hace más de tres décadas para conseguir la autonomía, fue fundamental. Significó un salto impresionante en la lucha por la igualdad y sentó las bases para la recuperación de los derechos de las mujeres.

 

Una de aquellas mujeres, la granadina Matilde Cantos, que luchó en la República y vivió en el exilio, a su regreso, y con 80 años de edad, participó activamente en la campaña en favor del Estatuto y de la autonomía plena. Más tarde recordaría el sentimiento que movió a muchas mujeres y muchos hombres en aquellos días, y así lo manifestó:

 

"Andalucía votó Sí, quería su autonomía, su personalidad, quería ser ella misma (...). Andalucía quería ser Andalucía".

 

Mi reconocimiento a todas aquellas pioneras en la lucha por los derechos de la mujer, no solamente en el activismo social, sino en la actividad política. Este Parlamento es un ejemplo de cómo han cambiado las cosas: en el año 1982 se inició con solo seis diputadas de 109, mientras que hoy su composición es 55 mujeres y 54 hombres. Hemos avanzado en muchos aspectos, como en la igualdad legal, pero hasta que no tengamos igualdad real no conseguiremos una sociedad justa como la que nos demanda la ciudadanía.

 

En este sentido, instituciones como nuestro Parlamento son fundamentales para buscar soluciones a los problemas de la gente. Frente a los que quieren erosionar nuestro sistema democrático y la función de los Parlamentos, me declaro firme defensor de la importante labor que ejercen las Cámaras legislativas, porque su misión es situar a las personas en el centro de la toma de decisiones.

 

Si los que nos dedicamos a la actividad pública dejamos de lado este objetivo, no atajaremos el distanciamiento de la ciudadanía con sus instituciones y con la democracia, un asunto que también afecta y mucho a Europa, y daremos alas a movimientos populistas, extremistas y xenófobos que ocuparán este espacio pero que no buscan una Europa ni una España más justa y solidaria.

 

En Andalucía seguimos con interés y preocupación este y otros asuntos, que son de la máxima importancia para nuestra Comunidad como las consecuencias del Brexit, el desigual impacto de la globalización en la vida de las personas, unida al temor ante la robotización, la situación de los refugiados y el cuestionamiento de su derecho de asilo. En este 2017, que será un año clave para definir el futuro de Europa, el Parlamento de Andalucía va a asumir un papel esencial a través de la Presidencia de la Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales Europeas (CALRE). Y lo que pretendemos es llevar una voz más de la gente a las instituciones europeas, una voz que reclama:

 

.- que la economía esté supeditada a la generación del bien común y a la necesaria función redistributiva de las políticas públicas para hacer posible la cohesión social y territorial y no al contrario;

 

.- una voz que dice que debemos atender y solucionar adecuadamente el drama de los refugiados y que en nuestro continente impere la convivencia y la tolerancia;

 

.- una voz que reclama una Europa social y que no quiere que haya ciudadanos de primera y de segunda.


.- En definitiva, una voz que quiere siempre tender puentes y no poner muros ni alambradas. Una voz, que nos recuerda los valores que sirvieron de base para la fundación de la Unión Europea: paz, igualdad, justicia, solidaridad y no discriminación. Valores todos ellos que comparte Andalucía y que impulsaron la movilización del pueblo andaluz hasta conseguir su autonomía plena.

 

Termino Señorías.

 

En 1980, días antes del 28F, hubo una campaña a favor del SÍ en el Referéndum que contó con la participación de la sociedad civil, agentes sociales, sindicatos, políticos, escritores como Rafael Alberti o Antonio Gala y grandes artistas como Carlos Cano, Alameda, Silvio o Kiko Veneno, que actuaron en las ocho provincias andaluzas.

 

Uno de esos artistas que deleitaron a las miles de personas que acudieron a los conciertos fue José Monge Cruz, Camarón de la Isla, que emocionaba a los asistentes cantando "Campesino Andaluz". Una de sus estrofas dice así:

 

"Porque tu veas que yo te quiero
No trates de dominarme
Porque soy más duro que el acero
Antes roto que doblarme"

 

El 28 de febrero nos recuerda nuestra identidad, nos recuerda cómo somos: un pueblo tenaz, duro como el acero, que sabe lo que quiere y que lucha por conseguirlo, pero a la vez somos gente abierta y acogedora y ese espíritu quedó grabado en nuestro himno, en nuestra bandera y en nuestro Estatuto.

 

Combatir la crisis económica y las desigualdades, luchar por la prosperidad de nuestra sociedad no es solo cosa de los políticos o los gobiernos: seguir avanzando para consolidar una Andalucía moderna, innovadora, alejada de tópicos, una Andalucía de vanguardia y de oportunidades es tarea de todos y de todas. Por eso, necesitamos la fuerza de la sociedad andaluza.

 

Esa fuerza unida al talento, la creatividad y la inteligencia de los hombres y mujeres de esta tierra permitirá alcanzar todas las metas que nos propongamos y para ello no hay otro camino que trabajar juntos en el objetivo de tener una Andalucía mejor. De esta y no de otra forma, seremos imparables y para ello, debemos ser valientes, activos y tener determinación. Si un 28 de febrero, hace más de tres décadas, conseguimos la autonomía y una palanca para la transformación social, nada impide que ahora logremos, entre todos, superar las dificultades y consolidar el crecimiento de Andalucía.

 

Señoras Diputadas, señores Diputados: durante estos días miles de personas celebran el Día de Andalucía por todos los pueblos y ciudades de nuestra tierra, también en otras regiones de España y, cómo no, en otros lugares del mundo. Desde este Parlamento nos unimos a esta fiesta y les decimos a todos los andaluces y andaluzas, allá donde estén hoy, que compartimos su orgullo, su alegría, su pasión y su esfuerzo por alcanzar un futuro mejor.

 

Muchas gracias y Feliz Día de Andalucía.

 

 

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Discurso de Luis García Montero con motivo de su distinción como Hijo Predilecto de Andalucía

28/02/2017


Señora Presidenta de la Junta de Andalucía,


Señor Presidente del Parlamento Andaluz,


Señoras y señores,


Es un orgullo tomar la palabra para agradecer el generoso reconocimiento que nos hace la Junta de Andalucía este 28 de febrero. Como soy poeta y Andalucía es tierra de poetas, sabrán comprenderme si en mi intervención acudo una y otra vez a la herencia que he elegido para buscar una identidad.


Luis Cernuda salió al destierro en febrero de 1938. Durante años vivió en Inglaterra, Escocia y EE.UU. Cuando el exilio lo condujo hasta México, donde vivían Concha Méndez y Manuel Altolaguirre, reencontró algunas cosas importantes: la lengua, la amistad, la lentitud. Pero una de las cosas que más le conmovió fue reconocer la pobreza, la dignidad de la pobreza, que había vivido antes en Andalucía y en otras partes de España. Después de muchos años en sociedades mercantilizadas, hundidas en la prepotencia del lujo, sintió a la gente pobre pero rica en valores humanos. Lo contó en su libro Variaciones sobre tema mexicano (1952), en un poema titulado "Lo nuestro". Cernuda se preguntó "¿Riqueza a costa del espíritu? ¿Espíritu a costa de la riqueza? Ambos, espíritu y riqueza, parece imposible reunirlos... Oh gente mía, mía con toda su pobreza y su desolación, tan viva, tan entrañablemente viva".


Recuerdo estas palabras de Cernuda precisamente ahora que los mexicanos sufren el desprecio del presidente de los Estados Unidos. Al pensar en lo nuestro, siempre he considerado que la tarea más importante es asumir el reto que Cernuda consideró casi imposible: salir de la pobreza sin caer en la prepotencia del lujo, progresar económicamente sin convertir en mercancía todo lo que pensamos, sentimos y tocamos. Buena tarea a la hora de buscar una identidad.


El saber democrático necesita de la ciencia, la técnica y las humanidades. Tan reaccionario es quien desprecia las ciencias y la técnica como quien desprecia el arte y la cultura. Sólo personas formadas en el recuerdo de su historia y en la imaginación moral que permite comprender el dolor ajeno, pueden utilizar la técnica y la ciencia en favor de la dignidad humana. Y de eso se trata.


Mi admirada María Galiana y yo tenemos la suerte de compartir el reconocimiento de hijos predilectos de Andalucía con unas medallas que representan la formación, el periodismo y la información, la juventud y la experiencia, la economía y la solidaridad, el arte, la ciencia y la técnica como elementos hermanos de un patrimonio común. Supongo que eso es lo que significa reunirnos en este escenario a la Asociación de Víctimas de la Talidomida, a la Coordinación Autonómica de Transplantes del Servicio Andaluz de Salud, al Instituto Vicente Espinel, al empresario Manuel Molina, al Catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial Francisco Herrera Triguero, al periodista Antonio Caño, al doctor en robótica e ingeniero informático Ramón González, a la deportista Lourdes Mohedano, a la escritora e historiadora Antonina Rodrigo –que me ha pedido que recordemos a todos los andaluces que, como ella, viven en Cataluña-, a las músicas de India Martínez, Arcángel, Paco Cepero y Elena Mendoza, a la actriz y profesora María Galiana y a mí, un poeta que se ha dedicado como profesor de literatura a estudiar la obra de poetas andaluces: Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Luis Rosales.


De estos poetas he aprendido a buscar en el Sur una identidad que se niega a la mercantilización y que no pierde nunca el deseo de una relación elegante y llena de sensualidad con la vida. Hace años, paseando por la Bahía de Cádiz, vi cómo la gente daba una ovación espontánea a una puesta de sol. Se celebraba la belleza y el paso natural del tiempo. Como tantos poetas, escribí entonces de manera orgullosa mi Teoría del Sur.


La reflexión sobre las identidades representa un ejercicio imprescindible en esta época de globalización. Son una amenaza las identidades rocosas, fundamentalistas, colonizadoras, soberbias, que quieren imponerse como único modo de vida. Hay demasiadas banderas, demasiados credos, demasiados patriotismos, demasiadas costas y fronteras manchadas de sangre. Pero tampoco es muy alentadora la renuncia a toda identidad, porque los individuos condenados a la soledad y al vacío son incapaces de habitar la palabra nosotros, y en esa palabra se edifican los valores de la convivencia, los vínculos de la solidaridad. Sin identidad nadie se siente responsable de nadie. Así que tan peligrosa es la soberbia del que se cree con derecho a matar en nombre de su Dios o de su bandera como la indiferencia del que no se conmueve con el hambre de la vecina del cuarto o con el desamparo de la persona que lleva años sin encontrar un puesto de  trabajo. La ley del yo a lo mío es tan mezquina como la consigna de todos a obedecer mis mandamientos.


Conviene, pues, buscar un nosotros integrador, flexible, abierto, dispuesto al diálogo. Esa es la identidad andaluza que he aprendido, en la que confío, la que me han enseñado los poetas del Sur. Famosas se han hecho estas palabras de Federico García Lorca: "Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío..., del morisco que todos llevamos dentro. Granada huele a misterio, a cosa que no pudo ser y, sin embargo, es. Que no existe, pero influye. O que influye por no existir...".


Está bien eso de meditar sobre el nosotros en el espacio de lo que es, lo que no es y lo que puede ser, porque las identidades no dogmáticas ofrecen la posibilidad de una memoria no sometida a las alambradas.


Federico García Lorca empezó a meditar sobre estas cosas desde muy joven y por eso acabó componiendo libros como Poeta en Nueva York y el Diván del Tamarit, la gran ciudad del siglo XX y el recuerdo de la poesía andalusí. Ante el espectáculo de la Primera Guerra Mundial, cuando la ciencia y la técnica servían para provocar matanzas modernísimas, escribió en 1917 una denuncia del patriotismo: "Desde la escuela, en vez de enseñarnos a amarnos y a ayudarnos en nuestras miserias, nos enseñan la deplorable historia de nuestros países salpicados de sangre, de odios y nos dicen: Aprended a matar a vuestros enemigos. Mirad. ¿Veis este retrato? Pues es Felipe II, que quemó 8.000 herejes. ¡Admirad a este otro! Es el Cid Campeador, que luchó contra la cruel morisma y que en Valencia asesinó a muchos hombres... Y éste es Santiago, patrón de España, que luchó contra los moros y los exterminó".


¿Qué educación recibimos?, se preguntaba Federico García Lorca. A esa pregunta volveré en un momento, pero antes quiero insistir en la idea de que ampliar la memoria es ampliar el futuro en la apuesta de los que desean edificar una identidad integradora.


Como muchos profesores he repetido cien veces la frase de Montaigne con la que se fundó el ensayo moderno para defender la libertad de pensamiento desde la propia experiencia: "Yo soy la materia de mi propio libro". ¿Por qué no sentir también como mías estas palabras de Ibn Hazm al final del prólogo de El collar de la paloma?: "Perdóname que no traiga a cuento las historias de los beduinos y de los antiguos, pues sus caminos son muy diferentes a los nuestros. Podría haber usado de las noticias sin número que sobre ellos corren, pero no acostumbro a fatigar más cabalgadura que la mía ni a lucir joyas de prestado".


Cuando Ibn Hazm se separó de la línea teológica oficial del Califato, sus libros ardieron en una hoguera. Este breve poema suyo me sirve para defender la libertad de expresión, tanto como los versos que escribió mi maestro Rafael Alberti contra la dictadura franquista:


Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles

y mostrad vuestra ciencia para que se vea quién es el que sabe,

y es que aunque queméis el papel nunca quemaréis lo que contiene,

puesto que en mi interior lo llevo,

viaja siempre conmigo cuando cabalgo,

conmigo duerme cuando descanso

y en mi tumba será enterrado conmigo.


No estaría de más que a la hora de hablar del pensamiento en nuestra identidad, se recordaran en Andalucía y en España estas palabras escritas aquí por Averroes, en el siglo XII, en su Exposición de la República de Platón: ""En estas sociedades nuestras se desconocen las habilidades de las mujeres porque ellas sólo se utilizan para la procreación, estando destinadas al servicio de sus maridos y relegadas al cuidado de la procreación, educación y crianza. Pero esto inutiliza sus otras posibles actividades. Como en dichas comunidades las mujeres no se preparan para ninguna de las virtudes humanas, sucede que muchas veces se asemejan a las plantas en nuestras sociedades". Y nuestras sociedades se empobrecen. No conozco a ningún autor medieval que escribiese en latín o en castellano pensamientos como este para la literatura española.


Y me gusta recordar a la princesa Wallada, nacida en Córdoba en el año 994, poeta que bordaba los propios versos en sus vestidos: "Doy gustosa a mi amante mi mejilla / y doy mis besos para quien los quiera". Cuando terminaron sus amores con otro gran poeta, Ibn Zaydún, echó en cara su infidelidad de esta manera:


Tu apodo es hexágono, un epíteto

que no se apartará de ti

ni siquiera tras la muerte.

Eres pederasta, puto, adúltero, cabrón, cornudo y ladrón.


Tenía fuerza la princesa Wallada. Claro que con este tipo de palabras conviene tener más cuidado ahora que antes, porque se están poniendo de moda como seña de identidad en las redes sociales y en los comentarios que convierten los escenarios de la opinión pública en un paisaje degradado. Junto a la mercantilización del tiempo y de las personas como objetos de usar y tirar -objetos sin pasado y sin futuro, sólo instante en la cadena del consumo-, brilla también el orgullo de un nuevo tipo de analfabetismo, un analfabetismo orgulloso de serlo. Y enlazo aquí con la importancia de la educación, aunque por desgracia las agresiones a la educación pública y el dominio de la telebasura están marcando también nuestro modo de vida.


Durante la Guerra Civil, en la revista la Hora de España, don Antonio Machado publicó una carta a David Vigodsky en la que, siguiendo el recuerdo de su padre, Demófilo, hacía esta declaración de amor al pueblo: "En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud".


Esta es la base del amor de los poetas andaluces a la cultura popular y al cante jondo, empezando por Gustavo Adolfo Bécquer y seguido por toda una larguísima tradición. Un pueblo cultivado por la verdad de la vida, por la pobreza y la solidaridad de la resistencia, se convertía en refugio de la soberbia de los señoritos. Llevar la cultura a ese pueblo fue la mayor apuesta de la Segunda República, siguiendo la pedagogía de otro andaluz, Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza.


Confieso que cuando veo algunos programas de telebasura, cuando observo el modo en el que se remueven de forma calculada los bajos instintos, me entran muchas dudas sobre la posibilidad de que sobreviva la entereza de un pueblo parecido a aquel en el que confiaba Antonio Machado. Las tradiciones del arte popular educan en una relación con la vida de valor sentimental, sensible y experimentada a través de generaciones. La telebasura y los grandes medios de información que están en manos de las élites económicas generan el producto de unas mayorías invitadas a la desmemoria, el racismo, el egoísmo, el miedo, dispuestas pare ser manipuladas por cualquier demagogo, cualquier iluminado capaz de violar los derechos humanos y de suspender el debate argumentado de la razón pública. Un hijo de emigrantes trata de enemigos a los inmigrantes. Lo que ocurre en EE.UU, lo que puede ocurrir en Francia y en otros países de Europa, es una ruidosa señal de alarma. No juguemos con la palabra Nosotros y con la palabra Democracia.


Si la democracia se degrada, si la gente pierde la confianza en la justicia, si las instituciones públicas y el derecho son invadidos por la corrupción y el impudor, es posible que el pueblo educado hoy por las grandes cadenas del consumo ponga su indignación en manos muy poco amigas de ese pueblo. Las encuestas sobre la lectura en España resultan desalentadoras no ya porque se lea poco, algo por desgracia tradicional, sino por el orgullo con el que se declara el desprecio por la lectura y la educación, el orgullo de ser analfabetos, de no escuchar, de llenar las redes y las televisiones de basura. Por seguir con Antonio Machado, no nos cansemos de recordar lo que Juan de Mairena enseñó a sus alumnos: para que una sociedad sea libre, no basta con poder decir lo que pensamos, hay también que poder pensar lo que decimos.


Soy consciente de que vivo en un país con un 30 % de la población en peligro de exclusión social, con un empleo tan precario que la mitad de los nuevos contratos firmados no duran más de un mes y con unos salarios tan bajos que no salvan a los trabajadores de la pobreza. Y soy consciente de que esto tiene difícil solución mientras se degrade la cultura popular y se castigue la dignidad del tiempo de ocio con la misma saña que se castiga la del tiempo laboral.


Las instituciones deben trabajar para evitarlo, sabiendo que son ellas la encarnación cotidiana de la virtud pública, del imperio del derecho democrático y de los amparos sociales que aseguran una convivencia justa. La importancia de estos reconocimientos que hoy recibimos no está sólo en el alto valor sentimental de nuestra identidad andaluza, sino también en su carácter institucional, en su dimensión pública. Es una institución, la institución de todos los andaluces y las andaluzas, la Junta de Andalucía, quien los concede. Una institución que muchos y muchas conseguimos alcanzar gracias a una esforzada lucha democrática. Las instituciones son el lugar en el que lo privado desemboca en lo público, lo particular en dominio común, lo local en un ámbito de convivencia colectiva. Olvidar el valor de las instituciones es tan peligroso como alejar a las instituciones de la gente que camina y camina por las calles.


Juan Ramón Jiménez se concedió a sí mismo el título de "andaluz universal". Tenía derecho, porque era un poeta de valor universal y porque la identidad andaluza de calidad, más que encerrarse en el costumbrismo, ha querido siempre transcender las fronteras, articular un compromiso con su tierra, con España y con la Humanidad.


Empecé con Luis Cernuda y quiero concluir también con él, con su amor al Sur, con su identificación con un modo de vida capaz de valorar la belleza de una puesta de sol. Las identidades abiertas viven en el "como si", en el "pudiera ser", no en el dogma de lo inmutable. La herencia recibida de los mayores, igual que el reconocimiento público, es un legado que nos compromete con el futuro. Hacer de Andalucía una tierra de libertad, integración, igualdad y justicia social es el compromiso más digno que pueden asumir los que se sienten hijas e hijos de Andalucía. Aclarando por cuestión de edad que cada vez valoro más la sabiduría de los que aprenden a envejecer, repito aquí para terminar esta divagación que Luis Cernuda escribió en 1933, todavía joven: "Confesaré que sólo encuentro apetecible un edén donde mis ojos vean el mar transparente y la luz radiante de este mundo; donde los cuerpos sean jóvenes, oscuros y ligeros; donde el tiempo se deslice insensiblemente entre las hojas de las palmas y el lánguido aroma de las flores meridionales. Un edén, en suma, que para mí bien pudiera estar situado en Andalucía". Muchas gracias.


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